.WRITTEN. Viaje al pasado.


Manfred y yo habíamos comenzado ya el largo recorrido hacia la península. Íbamos tan empecinados en cruzar Europa que en algún momento ocurrió algo extraño y nos nos dimos cuenta hasta pasado un tiempo. Recorríamos una carretera de asfalto entre colinas, el paisaje se volvía más boscoso, comenzamos a ver castillos en lo alto de los montes cuando empezó a anochecer. Continuamos unas horas hasta que nos decidimos a parar en un claro del bosque para hacer noche. 
A la mañana siguiente nos sentimos conmovidos por un sentimiento extraño, más como una sensación. Aquel lugar era silencioso, no se oían coches ni aviones. Nos asomamos al valle y vimos Heidelberg al otro lado del río. ¡Pero no era el mismo Heidelberg que nosotros conocíamos! Sino uno mucho mas antiguo, pequeño y oscuro. Después de la visión de la cuidad ya no nos quedó ninguna duda de que habíamos viajado al pasado, con furgoneta y chancletas incluidas. 
Exploramos el lugar donde nos encontrábamos, parecían ser las ruinas de un monasterio. Todavía quedaba allí una torreta intacta y por alguna intuición innata tuvimos la certeza de que dentro se encontraba la solución para volver al Heidelberg actual. Yo, que sé mucho de estas cosas, estaba convencida de que aquella era la guarida de una bruja y que probablemente ella era la responsable de que nos hubiéramos perdido en el tiempo mientras viajábamos.
Teníamos que entrar en la torre, no había otra opción; pero claro, la puerta estaba cerrada. Así que Manfred escaló el muro de piedra y se adentró con mucha valentía y una navajita de cortar embutido en el bolsillo. Por suerte la bruja no se encontraba allí en ese momento y Manfred me abrió fácilmente desde dentro. Las brujas tienen grandes poderes, pero nunca han sido muy tecnológicas, por lo que sus guaridas suelen ser vulnerables si ellas no se encuentran dentro.
Una vez dentro teníamos que encontrar la manera de invertir su magia. Buscamos en aquel diminuto cuartucho lleno de objetos y polvo las pruebas de su hechizo. Por fin di con un libro abierto que contenía indicaciones para una poción. Por supuesto que yo no entendía nada de la receta pues era en alemán y con caligrafía extrañísima. Era arriesgado dar por hecho que era aquél el hechizo, pero no teníamos otra opción. Al final Manfred consiguió traducir una parte que explicaba que los viajes al futuro podían tener la consecuencia también de enviar accidentalmente a alguien de dicho tiempo al pasado, como una especie de intercambio. La poción parecía ser el artefacto que provocaba el viaje y también lo invertía, así que sin mas dilación nos bebimos la única poción que allí había preparada en un caldero. Con asco y miedo ingerimos aquel terrorífico mejunje que sabía, literalmente, a rayos. Un calor insoportable y azul surgió de nuestros estómagos, la luz creció y nos cegó. Cuanto todo se aclaro estábamos dentro de la torre, pero el cuartucho estaba vacío. Lo único que había era nuestra cámara en el suelo. Nos asomamos y vimos el Heidelberg actual con sus pequeños turistas haciéndose fotos en los puentes. Uff! que alivio, estábamos de vuelta en casa.
Más tarde cuando miré las fotos de la cámara vi estas fotos que no fueron hechas por nosotros...












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